Quizás nos ha podido ocurrir que al visitar a alguna persona, nos encontramos con la sorpresa de que al entrar a su casa nos señalan que en su casa no usan zapatos.

Para muchos esta se trata de una gran sorpresa ante la cual deben descalzarse dejando los zapatos en un pequeño zapatero que se mantiene en la entrada de la casa para pasar el resto de la velada en zapatillas de andar en casa, como si se tratase de la habitación del hotel en vacaciones.

La gente de otras latitudes en donde no se aplica este tipo de costumbres suele observar con ojos de extrañeza y saltan a su mente diversos cuestionamientos como: ¿Pasará frío quien se quita los zapatos, traerá un par de calcetines? Forjándose una larga lista de adjetivos para quienes habitan el lugar. Sin darnos cuenta de que existe uno que es más preciso: atinados.

La ciencia les da la razón

En la actualidad, no usar los zapatos en casa nos parece una costumbre un tanto asiática, pero los pocos estudios realizados señalan que paulatinamente se hace más popular. Quizás esta es una conducta que nos parezca extraña, pero si nos detenemos a pensar, no carece de motivos.

Existen diversos estudios que señalan lo que sucede verdaderamente en dos de los lugares a los que menos les prestamos atención normalmente, a los zapatos y a nuestro propio hogar. Yacentes bajo nuestra mirada fuera de preocupación se oculta una alianza criminal de microbios y bacterias.

Recientemente se ha tenido evidencia empírica de que los zapatos se comportan como una gran fuente de información si se busca conocer cómo es una persona, con ellos se puede estimar la edad, el sexo, el nivel de ingresos, incluso su nivel de ansiedad. Pero, lo que no sabíamos sino hasta hace poco tiempo, es que dichos zapatos llegan a transportar mucho más que buena información.

De acuerdo a un estudio realizado por Charles Gerba, quien es profesor de microbiología de la Universidad de Arizona, mostró que después de dos semanas usando un calzado se encontraron más de 420.000 bacterias en su exterior, y para que tengamos una idea, el inodoro promedio contiene menos de mil.

De acuerdo al trabajo de Gerba, de las bacterias identificadas en las zapatillas, el 27% eran E. coli. (Escherichia coli), este se trata de un tipo de bacteria que vive en el intestino tanto de humanos, como de animales.

El autor señala que la «abundancia de esta bacteria puede deberse al contacto frecuente con material fecal tanto en suelos de cuartos de baño como en la calle». En su mayoría de las E. coli no llegan a causar problemas. Pero en el caso de algunos de sus tipos, estos pueden llegar a producir enfermedades y causar diarreas que son bastante severas.

Los insectos también son protagonistas

Otro de los hallazgos de Gerba y su equipo fueron grandes cantidades de Klebsiella pneumoniae y de Serratia marcescens. La K. Pneumoniae ocasiona infecciones del tracto urinario, neumonías, sepsis y otras infecciones de los tejidos blandos o de las heridas abiertas. Mientras que a la S. marcescens son responsables de las conjuntivitis, queratitis y otras infecciones urinarias (en algunos casos, también meningitis y endocarditis, pero es mucho más raro).

Las dos bacterias son lo que se conoce como infecciones oportunistas; pues suelen atacar cuando el sistema inmune se encuentra debilitado y además están involucradas con aquellas enfermedades que ocurren dentro de los hospitales.