Todos nos conformamos como parte de la naturaleza, por lo que durante este verano  debemos asegurarnos de que no dejemos ninguna huella en la tierra o en el mar. Los  océanos son el motor que mantiene vivo los sistemas globales que hacen que la Tierra se convierta en un lugar habitable para los seres humanos. 

La manera en la que gestionamos dicho recurso resulta fundamental para la humanidad, pero también como una manera de contrarrestar los efectos producidos por el cambio climático. En tal sentido, como padres, tenemos la responsabilidad de tener conocimiento de ello, y también de explicarle a nuestros hijos. 

Más de 3.000 millones de personas dependen de la biodiversidad marina y costera. Pero, tan solo el 30% de las poblaciones de peces del mundo se encuentra sobreexplotado, lo que alcanza un nivel bastante por debajo del necesario para producir un rendimiento sostenible. 

Los océanos absorben un promedio del 30% del dióxido de carbono que es generado por las actividades humanas. Por lo que, la contaminación marina, que en su mayor parte proviene de fuentes terrestres, ha alcanzado niveles alarmantes. Por ejemplo: por cada kilómetro cuadrado de océano existe un promedio de 13.000 trozos de desechos plásticos.

Basuras marinas

Se trata de residuos sólidos que fueron elaborados por el hombre y que, por distintas razones terminan abandonados en los ambientes marinos o costeros. Anualmente, 10 millones de toneladas de basura se van al mar y al océano, donde predominan los residuos de plástico. 

Entre tanto, el 20% de dichos desechos son el resultado de actividades que se realizan en el mar como la pesca y el transporte marítimo. En consecuencia, más de un millón de aves marinas y 100.000 mamíferos marinos y tortugas mueren cada año por enredo o ingestión de esas basuras. El 80% tienen su origen en tierra. Los residuos que son abandonados tienden a ser arrastrados por el viento y las lluvias aunque vivamos a kilómetros tierra adentro. Del mismo modo, lo que se arroja por el WC también acaba en el mar formando parte de las basuras marinas.

La principal solución se encuentra en la prevención, y no solo se trata de limpiar. Los costes de limpiar las playas y océanos debemos asumirlos todos ya que se trata de un problema global de suma importancia como también lo es el cambio climático, la acidificación oceánica y la pérdida de biodiversidad.

Más allá de este escenario, hay una buena noticia y es que cada ciudadano cuenta con la posibilidad de actuar como un “agente de cambio”, por medio de su participación en distintas acciones o también adoptando nuevos hábitos de consumo y comportamiento en nuestro día a día. Siendo consumidores podemos contribuir cambiando nuestros hábitos e intentando dejar de lado el consumo de plásticos de un solo uso. Ahora sabemos que nuestras acciones cotidianas pueden empeorar o mejorar este problema.

Podemos ser un agente de cambio

  • Pensemos globalmente, actúa localmente y asume tu responsabilidad
  • Depositemos productos higiénicos en la papelera, no en el WC
  • Seamos responsables cuando vayamos a pescar
  • No olvidemos la basura en el suelo o la tirada en el mar. 
  • Consumamos de manera responsable: reduce, reutiliza y recicla
  • Disfruta de la naturaleza con responsabilidad
  • Cuando naveguemos, no tiremos los residuos al agua
  • Recojamos los residuos que encontremos
  • Únanse a la ciudadanía científica
  • Pidamos a los políticos que presten atención al problema de los residuos marinos
  • Eduquemos a los niños y jóvenes en el respeto a la naturaleza